martes, 5 de febrero de 2013

Busco ese abrazo...

I

Vengo buscando ese abrazo, he caminado largas distancias y en cada vereda me detenía a preguntarle a las flores si habían visto tu abrazo...-Ve y pregunta al viento si ha visto ese abrazo que buscas, me dijo el árbol más viejo del bosque. Inquieta sólo lo miré, asenté con mi cabeza y proseguí mi búsqueda.

Unas ramas con brazos largos abrían una vereda gris, quise acercarme a ellas averiguando si una de sus ramas era ese abrazo que no encontraba por ningún lugar, pero todo era inútil, todas esas ramas me quedaban grandes o muy pequeñas y no alcanzaban a rodear mi espalda.

II

-...hey, pregunta por melancolía, ella colecciona abrazos, de esos dulces que saben amargos...me decía una hoja que permanecía en el suelo anclada con una piedra. La miré, la sostuve entre mis manos pero el viento decidió llevarle consigo, grité, -¡viento, viento!, ¿has visto ese abrazo...? -No, me contestó eufórico, -debo irme antes de que venga el sol...

Resignada agaché mi cabeza que salpicó de un giro mi cabello. En el piso yacía una flor que hilaba pétalos rojos. -He escuchado que buscas ese abrazo, no busques más, no vendrá...se quedó pobre de sonrisas y se fue al sur, búscale allá, aquí no hay nada...la arena vendrá con el viento y moriré...

III

-Melancolía, ¿dónde estás? Quiero verte, quiero preguntarte por ese abrazo que perdí, quiero esos brazos que rodean mi cintura y que si indago más, tocan mis labios cuando se tornan rojos... ¡Melancolía! ¡Melancolíaa!

El silencio es más claro cuando las palabras se pierden en las copas de los arboles viejos y dormidos...-no puedo verte, ¿quién eres?, dije con voz susurrante... -¡yo!, recuerda mi voz, tú y yo movíamos tardes para que durarán más, contábamos estrellas para que los minutos fueran segundos...¿ya no recuerdas el color de mi voz? Si apenas ayer enuncié en tu cuello marcas rojas que dejaron mis labios...soy yo, aquel que no quiso hacer proyectos de futuro, aquél que intercambia futuro por porvenir...¿ya, ya me recuerdas?...
-¡silencio!, dije indignada, no quiero escucharte más, porque aún buscándote sigues ocultando tus melodías; las guardas en tu voz que ahora se torna como un hecatombe...

IV

-No podrás engañarme, dije muy segura y clara...ese abrazo que busco no es el tuyo, no, apostaría una ráfaga de luz a que tus palabras son estafas...ve, sigue al viento y no vuelvas...Corrí en contra del viento, corrí en contra del norte, corrí detrás de las nubes blancas...pero podía alcanzarme, aunque ya nada me detenía...ni me detuvo, no eran sus abrazos los que buscaba, nunca lo fueron...

V

-Ocultate en estos espacios intersticiales tal como lo hacen los corales en el mar, los peces se refugian en el sonido del mar que no les deja escucharle...ahí queda suspendido el sol cuando se hace tarde...Me decía el árbol más alto; ni siquiera podía mirarle hasta el final porque sus ramas parecían eternas y sus hojas quien sabe cuántos visitantes habían dado la bienvenida y cuántos habían visto partir...-¿ha visto ese abrazo? Le pregunté tiernamente y mi voz poco a poco se agudizaba, le respetaba, sólo hacía falta la reverencia para que el entorno fijara que ese árbol era una eminencia, mis ojos brillaban ante la majestuosidad de sí mismo, mi voz se perdía entre sus ramas que despedían al sol...-No, contestó dulcemente, -¡te has equivocado de camino!, allá en el sur transita por veredas grises y espirales, allá le encuentras, lo he visto trazar caminos allá, dónde el día es noche y la noche es día, donde las lunas llenas se agudizan no sólo en octubre, donde el viento gira al revés de camino...allá le encuentras...

VI

-¡qué parábola, qué travesía me espera al sur!, ya quiero contarle cuando me abrace lo dulce que puede ser extrañarle...envía como analizante a ese pájaro multicolor que con su aleteo resplandecía palabras con versos tejidos...

¿Dónde estarás abrazo?, ¿dónde?, no veo tu inmaculada armonía...quiero tu rostro en mi ser y tu mirada en conjunto con mi sonrisas...dame la paz y la dulzura del momento presente...

Voy, voy al sur a mirar atardeceres y a encontrar ese abrazo que me espera con las caricias del viento...le espero impaciente, le espero sonriente, le espero sin duda ante el frío, le espero sin expectativa...le espero como la noche a la luna y los pájaros al amanecer...

¡ven a mi, a mis brazos y calma mis sollozos suspicaces de tragedias sin fin!



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