domingo, 28 de octubre de 2012

El sueño imaginario...

"Experimentamos nuestra dependencia en las identificaciones imaginarias y simbólicas que mantienen armada la cadena institucional y la trama de nuestra pertenencia; nos vemos enfrentados con la violencia del origen y la imagen del Antepasado fundador; nos vemos apresados en el lenguaje de la tribu y sufrimos por no hacer reconocer en él la singularidad de nuestra palabra" 

René Kaës

sábado, 20 de octubre de 2012

"A woman left lonely..."

a woman left lonely
will soon grow tired of waiting
she'll do crazy things
on lonely occasions

a simple conversation
with a new man now and again
makes a touchy situation
when a good thing's comin' to an end

and when she gets lonely
she's thinkin' 'bout her man
she knows he's takin' her for granted
honey, she doesn't understand

well, the fevers of the night, 
they burn an unloved woman 
yeah, those red-hot flames 
try to push old love aside

a woman left lonely 
is just a victim of her man, yes she is
when he can't give up his whole world, no
she's got to do the best that she can

a woman left lonely
that lonely girl
oh...

viernes, 12 de octubre de 2012

El otro día perdí las esperanzas...


El otro día me quebré, me partí en pedacitos pequeños, me convertí en un puzzle de emociones...

El otro día permanecí descubierta ante las miradas desubicadas de quienes comparto y tejo vínculos...

El otro día me caí y me destruí tanto que no encontraba el camino a casa, me quedé en ese espacio de resistencia...

El otro día me perdí...en ese fuego de sabiduría y perdí el conocimiento...

El otro día fingí que todo estaba bien, pero sentía que iba a explotar, así que sobreviví en el abismo de la duda eterna y de la angustia mediocre...

El otro día pensé que escribía, pero estaba dormida, tan dormida que no quería despertar...


miércoles, 10 de octubre de 2012

Fragmentos de la Oruga y Alicia


"... 
-¿Quién eres tú? -dijo la Oruga.
No era una forma demasiado alentadora de empezar una conversación. Alicia contestó un poco intimidada:
-Apenas sé, señora, lo que soy en este momento... Sí sé quién era al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces.
-¿Qué quieres decir con eso? -preguntó la Oruga con severidad-. ¡A ver si te aclaras contigo misma!
-Temo que no puedo aclarar nada conmigo misma, señora -dijo Alicia-, porque yo no soy yo misma, ya lo ve.
-No veo nada -protestó la Oruga.
-Temo que no podré explicarlo con más claridad -insistió Alicia con voz amable-, porque para empezar ni siquiera lo entiendo yo misma, y eso de cambiar tantas veces de estatura en un solo día resulta bastante desconcertante.
-No resulta nada -replicó la Oruga.
-Bueno, quizás usted no haya sentido hasta ahora nada parecido -dijo Alicia-, pero cuando se convierta en crisálida, cosa que ocurrirá cualquier día, y después en mariposa, me parece que todo le parecerá un poco raro, ¿no cree?

-Ni pizca -declaró la Oruga.
-Bueno, quizá los sentimientos de usted sean distintos a los míos, porque le aseguro que a mi me parecería muy raro.
-¡A ti! -dijo la Oruga con desprecio-. ¿Quién eres tú?
Con lo cual volvían al principio de la conversación. Alicia empezaba a sentirse molesta con la Oruga, por esas observaciones tan secas y cortantes, de modo que se puso tiesa como un rábano y le dijo con severidad:
-Me parece que es usted la que debería decirme primero quién es.
-¿Por qué? -inquirió la Oruga.
Era otra pregunta difícil, y como a Alicia no se le ocurrió ninguna respuesta convincente y como la Oruga parecía seguir en un estado de ánimo de lo más antipático, la niña dio media vuelta para marcharse.
-¡Ven aquí! -la llamó la Oruga a sus espaldas-. ¡Tengo algo importante que decirte!
Estas palabras sonaban prometedoras, y Alicia dio otra media vuelta y volvió atrás.
-¡Vigila este mal genio! -sentenció la Oruga.
-¿Es eso todo? -preguntó Alicia, tragándose la rabia lo mejor que pudo.
-No -dijo la Oruga.
Alicia decidió que sería mejor esperar, ya que no tenía otra cosa que hacer, y ver si la Oruga decía por fin algo que mereciera la pena. Durante unos minutos la Oruga siguió fumando sin decir palabra, pero después abrió los brazos, volvió a sacarse la pipa de la boca y dijo:

-Así que tú crees haber cambiado, ¿no?
-Mucho me temo que si, señora. No me acuerdo de cosas que antes sabía muy bien, y no pasan diez minutos sin que cambie de tamaño.
-¿No te acuerdas ¿de qué cosas?
-Bueno, intenté recitar los versos ..."