Si me miras ahora, pareciera que hago parte una fotografía, desenfocada.
Mi rostro, viendo a la izquierda, como buscando a alguien que se encuentra a lo lejos, o inicia su partida, como difuminando el enfrente.
Mis manos, tocando mis dedos, como si la impaciencia pudiera expresarse de esa manera, y mis pies, entrecruzados, descalzos.
Mi cabello, no se entiende con mi rostro, quien lo deja ser con el viento y movimientos;se enreda como si no pudiera comprender las dudas que se encuentran ondeando sobre mi.
Detrás, una puerta que aspira a ser nada y a ser todo. A ser abierta para encontrar o perder. Al girar el picaporte entrar o salir, llegar o irse.
A la inversa, un camino donde se encuentra a lo lejos la bici,aterrizada de cambios como los que se emergen en mi cuerpo.
Un latir de corazón se escucha de entre mi cuello, en mi cintura, en mis hábitos inconclusos que me llevaron a ese lugar donde no me encuentro, o donde me he perdido. Donde no hallo recuerdos anclados o liberadores de ideas totales o parciales.
Un lugar al que llegué acompañada y ahora se encuentra distante de todos. Donde mis ojos no comprenden lo que miran y mis labios lo saborean. Unos labios que van perdiendo el color rojo con el que llegaron, o con los que se perdieron.
Un día que sustituye a otros...
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