En mi mente permanecían esas sensaciones puestas como fotografías instantáneas que se adherían como collage a mis sentidos. Sentía, sentía, sentía.
Mi voz se escuchaba como canciones que coreaban palabras llenas de sentires, símbolos, frases, letras, citas textuales, fragmentos, sueños...me sentía en cada palabra, me hacía con cada palabra.
...
Me gustaba levantar mi mirada y verte con la luz de la luna, ver tus ojos conjugados con las estrellas, brillantes, soñadores, finitos, que me contaban historias cada vez que entonabas tu voz. Volaba cada vez que enunciabas tu saber, cuando lo compartías, cuando lo sentías.
Las calles mencionaban que lo cotidiano puede ser mágico, que lo trivial divertido y que el porvenir algo simbólico. Esas calles largas que recorrimos, que reímos, que diferenciamos, que besamos,sabía que no eran mías, las sentía efímeras, pero significativas.
Por un momento dejé que mis latidos se movieran con tus saberes, con tu presencia. Distinguí lo efímero de lo transitorio cuando noté que mis manos no se sujetaban con las tuyas. Yo transitaba, pero tu permanecías en lo efímero, sosteniéndote con él.
El vínculo se desanudaba y yo no lo sentía, yo vivía lo ilusorio tratando de armar mi sentir con el tuyo.
...
Hay un después de cada palabra que mencionamos, hay un después de cada sentido que reviví. La memoria histórica de mi cuerpo lo tiene presente y con ello construye una imagen distinta a la que dejé en esos días de luna.
Amé sentir, y dar cuenta de las pautas que tengo que mover de lugar o cambiar con otras.
Contigo algo se movió, algo latió de nuevo, pero también algo se apagó, algo se fue. Y algo ya no será.
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